Antonio Miguel Jiménez | 18 de noviembre de 2017
El gigante Amazon Studios ha adquirido los derechos de El Señor de los Anillos para llevar la trilogía a la pequeña pantalla. Las series viven un gran momento y, si no se deforma la obra, puede ser un formato adecuado para ampliar el universo creado por Tolkien.
Ciertamente, el éxito literario de la obra El Señor de los Anillos, del profesor y filólogo británico J. R. R. Tolkien, ha marcado a muchas generaciones de jóvenes desde su publicación. Podría decirse que fue un hito en la historia de la literatura y la matriz del género literario fantástico: orcos, trolls, enanos… No saltarían al imaginario colectivo de cantos épicos y mitológicos germánicos, anglosajones, celtas y nórdicos, como el Cantar de los Nibelungos o el Beowulf, terreno vedado de filólogos, antropólogos y estudiosos de las religiones antiguas, hasta que el profesor Tolkien lo plasmara en sus obras. Primero, en El Hobbit, inicialmente un cuento que el profesor contaba a sus hijos antes de dormir, y en El Señor de los Anillos después.
Pero si algo pudo hacer crecer la ya fuerte influencia de esta obra en el imaginario popular, fue, sin duda, la trilogía cinematográfica dirigida por Peter Jackson y producida por New Line Cinema. Entre los años 2001 y 2003, se estrenaban en la gran pantalla La Comunidad del Anillo, Las Dos Torres y, por último, El Retorno del Rey. Esta división, realizada por el mismo profesor Tolkien en sus novelas, muy posiblemente por exigencias de edición, como muchos de los biógrafos de Tolkien sostienen, fue seguida y respetada por el director neozelandés Peter Jackson. Cada uno de los estrenos marcó un hito en la historia del cine, como ya lo hicieran las novelas en la historia de la literatura. Es cierto que ya se habían hecho intentos de adaptación cinematográfica, como el reconocido trabajo de Ralph Bakshi en su película de animación El Señor de los Anillos (cuyo estreno cumplía este 15 de noviembre 39 años), pero no tuvo punto de comparación con la marca alcanzada por Jackson. Tuvo lugar un fenómeno fan a escala mundial de El Señor de los Anillos que, tras 16 años, no ha menguado ni un ápice.
Así lo demuestran los constantes intentos por parte de la industria audiovisual de explotar al gran ganso cinematográfico de los huevos de oro. La segunda trilogía de Jackson en torno a la Tierra Media, El Hobbit, estrenada entre 2012 y 2014, recaudó casi 3.000 millones de dólares y su posición en taquilla fue indiscutida. Eso sí, atrajo las críticas de los más puristas que, sin embargo, habían quedado conformes con El Señor de los Anillos. Esta trilogía, pese a su rentabilidad económica, se ha considerado por los amantes de la obra de Tolkien un aprovechamiento injustificado de la garra publicitaria adquirida tanto por la obra literaria del profesor británico como por la cinematográfica de Jackson. Además de que dicha división carece de sentido en El Hobbit, que es solo un volumen. Mientras la primera trilogía intentaba contar una novela de casi 1.500 páginas, la segunda pretendía extender un breve cuento que apenas sí superaba las 300. Por ello, se dio la situación de que, mientras la trilogía del Anillo se dejaba en el tintero momentos y momentos que los lectores habían imaginado leyendo las novelas, en la trilogía de El Hobbit podemos identificar momentos, personajes y sucesos que son pura licencia cinematográfica. Posiblemente esté entre lo más criticado el idilio amoroso entre Kili, enano de Erebor y sobrino de Thorin Escudo de Roble, y un personaje que, para más inri, era inventado: Tauriel, una elfa del Reino del Bosque. Este intento de guiño a lo políticamente correcto no hizo sino enervar los ánimos de los más puristas seguidores de la obra tolkeniana.
Eso sí, las nuevas tecnologías permitieron crear una trilogía impactante para los sentidos visual y auditivo, pese a que no agradara tanto al sentido de la fidelidad a la obra. Sin duda, en la trilogía de El Hobbit se cumplió la máxima de que mejor tecnología no hace mejores películas.
Pero, como hemos dicho, la industria vuelve a apelar al ganso de los huevos de oro. Dejando al margen el biopic que se está rodando actualmente sobre la vida de Tolkien, producido por Chernin Entertainment, esta vez la herramienta elegida para acercar El Señor de los Anillos al gran público es la indiscutida tendencia audiovisual actual: la serie. Amazon Studios, uno de los gigantes de la industria del momento, acaba de obtener los derechos para llevar a la pequeña pantalla a Frodo, Sam, Gandalf, Aragorn y, posiblemente, otros muchos personajes de las novelas que no aparecen en la trilogía del Anillo de Jackson (¿veremos por fin a Tom Bombadil y Baya de Oro?)
It's official! @AmazonStudios is developing a Lord of the Rings TV series. https://t.co/Zr7VVmE0Tj pic.twitter.com/kiFaDV76p1
— Tolkien Society (@TolkienSociety) November 13, 2017
Pero, como en todas las cosas de la vida, este acontecimiento ha hecho saltar las alarmas. Por una parte, de aquellos que consideran este hecho como una inmejorable idea para poder llevar a la pantalla todas aquellas partes y diálogos de las novelas que quedaron fuera de la trilogía de Jackson, como por ejemplo el encuentro con Tom Bombadil, los Tumularios o el Saneamiento de La Comarca. Frente a aquellos, se encuentran quienes piensan que una serie sobre El Señor de los Anillos no haría sino perjudicar a la obra, además de a la genial imagen jacksoniana que de ella tenemos, y que en pro de la audiencia se subvertiría la historia original, tanto en forma como en fondo, que Tolkien quería contar. Sin duda, son sentimientos encontrados.
Lo cierto es que, por el momento, no hay que temer pues, si se hace bien, podría obtenerse un trabajo genial. El proyecto adquirido por Amazon Studios involucra a la Tolkien Estate, organización a la que pertenece el legado de J. R. R. Tolkien, y a la editorial británica Harper Collins, con lo que la productora tendría acceso a toda la obra tolkeniana y, mediante el hilo argumental de Los Anillos de poder y la Tercera Edad, última parte de la biblia (en el sentido etimológico: conjunto de libros) tolkeniana, El Silmarillion, se podría llevar a la pequeña pantalla un sinfín de maravillosas historias que los amantes de la Tierra Media llevan esperando desde los comienzos de este siglo, al tiempo que se evitaría la repetición argumental. Aún habrá que esperar hasta 2020 para que los clientes de Amazon Prime Video puedan adentrarse en esta aventura y decidir si fue o no una idea acertada. Esperemos que, por encima de la audiencia, se respete la obra de un gigante de la literatura de fantasía, al tiempo que su concepción de la vida, donde el mal está mal, y hace daño al hombre, y el bien, muchas veces en forma de sacrificio, es el inequívoco camino a la felicidad: no hay lugar para el relativismo de nuestra era posmoderna. Lo último que cabría esperar es un Juego de Tronos “versión Tierra Media”, una suerte de sucedáneo corrupto para los amantes de la obra.