Juan Orellana | 08 de noviembre de 2016
Estamos ante una película de esas que están a medio camino entre el cine y el caso social. Su origen no está tanto en el deseo de hacer una película como de dar a conocer una historia real. La singularidad de este film estriba en que se trata de un documental realizado por los protagonistas del mismo.
Bernardo Moll y Mónica Vic son dos profesionales del cine, marido y mujer, que iniciaron una campaña de crowdfunding para rodar, en tiempo real, los primeros cinco años de la vida de su hijo, que nació con síndrome Down. Así, el producto final, a muchos le ha parecido un Boyhood a la española, en el sentido de que la cámara va siendo testigo de los hitos más importantes de la vida de Jan.


La película es también, indirectamente, un homenaje a los educadores y personal especializado que dedican su vida a estos niños, y comprobamos cómo realizan un trabajo tan profesional como lleno de cariño y vocación verdadera. Sin duda, La vida de Jan es un film recomendable, tanto por su testimonio, como por su realización, fresca, divertida y llena de ritmo.