Íñigo Petit Zarzalejos | 15 de septiembre de 2018
Hace ya una década del estallido de la crisis financiera que inició la caída de Lehman Brothers tras conocerse su exposición a las hipotecas subprime (o hipotecas basura). El efecto dominó arrasó con la confianza de los inversores y secó los mercados. En los de renta variable, las ventas se generalizaron y los de renta fija entraron en coma, nadie prestaba a nadie.
A 10 años de la caída de Lehman Brothers ¿cómo están ahora 5 de las economías afectadas? https://t.co/vWxoNhj2qS
— BBC News Mundo (@bbcmundo) September 14, 2018
Entre tanto, los ciudadanos españoles vieron cómo su principal activo, el inmobiliario, perdía buena parte de su valor rápidamente, al mismo tiempo que la economía entraba en un escenario muy negativo. De aquella situación hemos aprendido muchas cosas, pero nos hemos dejado algunas lecciones por el camino…
Se atribuye a John Davidson Rockefeller la expresión: “Cuando mi limpiabotas invierte en bolsa, yo lo vendo todo”. Y es que no hay rentabilidad sin riesgo, aunque no por ello hay que renunciar a invertir. La clave está en entender correctamente el riesgo y, para ello, resulta necesario conocer los productos o las empresas en las que invertimos y su funcionamiento. No realices ninguna inversión que no entiendas completamente.
El gran acelerador de la crisis económica en España fue el alto nivel de endeudamiento de los agentes económicos, desde las familias a las empresas. La deuda era denominador común. El fuerte crecimiento económico de años anteriores, los altos precios del inmobiliario, los elevados niveles de empleo y un crédito barato fueron el caldo de cultivo para un incremento exponencial de este endeudamiento de quienes confiaban en que el futuro siempre sería mejor.
El endeudamiento de las familias crece de forma racional, pero hay frenos en el horizonte
Las empresas han reducido sus niveles de apalancamiento y las familias reaccionaron durante los años siguientes, pero aún hay mucho papel. Tanto es así que en mayo de este año conocimos que las familias volvieron a endeudarse en términos netos en 2017, tras casi una década sin hacerlo. Por el camino, las tasas de ahorro se han desplomado. Los países, por el contrario, han tenido que financiar la salida de la crisis y no han sido capaces de hacerlo sin reducir los gastos. España ya acumula una deuda equivalente al 100% del Producto Interior Bruto (PIB).
Quizá la más importante de todas las lecciones: la economía es cíclica, y eso implica momentos de euforia y momentos de depresión. Estos movimientos pendulares tienen sus agravantes (endeudamiento alto, déficit, productividad baja, etc.) y sus atenuantes (deuda controlada, superávit, altos crecimientos, etc.). Hace ya diez años, la caída de Lehman Brothers contagió al mundo entero y los países con peor salud económica son los que más han pagado las consecuencias (Irlanda, Grecia, España, etc.). Es decir, no cabe luchar contra un cambio de ciclo, pero sí podemos estar preparados para ello.
Y una cuarta cuestión, incluso repetitiva de etapas anteriores. No comprarse una casa en España aún es visto con sospecha. Sin embargo, tras conocer a muchos profesionales de la inversión que dedican horas a la decisión de si adquirir o no un inmueble (quizá algo no tan pequeño como un piso, de acuerdo), creo que se trata de una decisión que la mayor parte de propietarios no valora adecuadamente, sobre todo en lo referente a los precios y cómo pagarlos (endeudamiento/financiación). Solo así se explica que se siguieran vendiendo pisos con un precio por metro cuadrado que duplicaba el de pocos años antes sin un argumento válido (como una localización especial o una reforma total). Llaman la atención los estudios como el realizado por la consultora HelpMyCash, según el cual hay entidades que están dispuestas a financiar más de un 80% o incluso el 100% del precio de la vivienda a parejas jóvenes con ingresos altos y un empleo estable.
La caída del consumo, otra advertencia de la economía para el Gobierno de Pedro Sánchez
Además de fomentar las ventajas del alquiler, alguien debería explicar a los más jóvenes que endeudarse por 30 años (más aún en un mundo tan veloz y cada vez más pequeño) no es una decisión financiera inteligente en todas las ocasiones, incluso aunque lo hubieran hecho sus padres.
Cuatro ideas sencillas que bien podrían resumirse en el gran desafío que, 10 años después de la caída de Lehman Brothers, aún no hemos asumido, el reto que ningún político parece querer superar: la inclusión de la educación financiera en la formación de los más jóvenes. La ignorancia es germen de grandes desgracias y, sin embargo, la sabiduría no ocupa lugar, así que no creo que haya inversión más rentable que la formación económica de las próximas generaciones. No evitaremos las crisis, pero quizá tardemos mucho menos en salir de ellas.
Decisiones como la subida del salario mínimo interprofesional o el fin del diésel han provocado un incremento de costes laborales, superior al 20%, que acaban pagando los más débiles.